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Un Sueño hecho Palapita

22 de marzo de 2014

"Acababa de comer un ceviche de camarón acompañado de un jugo de frutas tropicales muy refrescante. Me dirigía hacia "Los siete altares", unas pozas naturales de agua dulce que desembocan en una playa de Livingston, Guatemala. Desde el restaurante veía la orilla -con cuatro tumbonas desgastadas- y al lado izquierdo un muelle, una pasarela de madera que conducía a una especie de cabaña. Era una palapa típica de la zona, cubierta de hojas secas de palmera y sostenida por unas maderas a modo de pilares, aparentemente robustos. Ésta tenía dos pisos y de cada uno colgaban unas hamacas de hilos de colores, algunos desgastados o un poco rotos, pero aún y así se veía de lo más apetecible. Me pareció que era el lugar perfecto para reposar la comida y disfrutar del paisaje, de la naturaleza y protegerme del brillante sol del Caribe.

Durante ese viaje pasé por muchas otras palapas, sobretodo en México. Algunas eran casas con paredes de madera, adobe o cemento, también las había que eran bares, terrazas o miradores… En muchas de ellas viví buenos momentos. Entendí que en todas las palapas, al igual que en todos los hogares, se comparten una serie de experiencias y recuerdos que las hacen únicas. No importa lo grandes que sean, ni de qué material estén hechas.

"Lo que importa es de qué manera las llenas tú y de qué manera te llenan ellas a ti."